Un camino de gratitud: Lo que 10 años como arquitecto me enseñaron sobre la vida

La gratitud es uno de los regalos más bonitos que tenemos porque nos permite regresar al momento presente y reconocer todo lo que hemos ido construyendo.
Hace aproximadamente diez años comenzó una etapa que cambiaría mucho más que mi carrera. En 2016 empezábamos Grupo Ideas, una empresa de arquitectura que con el tiempo también nos llevó hacia la consultoría, el urbanismo y los bienes raíces. Al mirar hacia atrás, me doy cuenta de que el aprendizaje más importante de esta década no está solamente en los planos, los proyectos o los resultados.
Está en las personas que conocí, los lugares a los que llegué, lo que aprendí sobre mí mismo, la experiencia de construir junto a mi pareja y socia, y la capacidad de disfrutar el camino mientras sigo avanzando.
Muchas veces vivimos pendientes de lo siguiente: ganar más, crear más, tener una casa, un carro, alcanzar una cifra o cumplir con la idea de éxito que la sociedad nos presenta. En ese movimiento constante podemos olvidar algo sencillo: varias de las metas que hoy forman parte de nuestra vida fueron, hace algunos años, cosas que parecían imposibles.
1. Gratitud por las personas que conocí
Una empresa no se construye sola. Durante estos años he podido sentarme con clientes, proveedores, colaboradores, arquitectos, ingenieros, desarrolladores y personas con experiencias completamente diferentes a la mía. Muchas de ellas terminaron influyendo en la manera en que trabajo y pienso.
Cuando comenzábamos, por ejemplo, no teníamos claro cómo cobrar correctamente un plano o un proyecto. Hubo personas que nos orientaron, nos ayudaron a pensar en costos y nos dieron pequeñas ideas que en ese momento fueron muy importantes. Compartir nuestra visión con las personas correctas abrió puertas que probablemente no habríamos encontrado si hubiéramos intentado resolverlo todo solos.
También aprendí que clientes, proveedores y colaboradores pueden convertirse en amigos. Con el tiempo, esas relaciones forman una parte muy importante del negocio. En una empresa de consultoría, dos profesionales pueden tener precios, experiencia y calidad similares; muchas veces la diferencia termina estando en la confianza que generan y en cómo hacen sentir a la persona que va a trabajar con ellos.
Los proyectos pueden terminar. Las relaciones que construimos alrededor de ellos pueden quedarse muchos años.
Por eso, cuando pienso en estos diez años, una de las primeras cosas que agradezco es la gente: quienes creyeron al principio, nuestros primeros colaboradores y practicantes, los clientes, los proveedores, los amigos y todas las personas que han formado parte del camino.
2. Gratitud por los lugares que la arquitectura me permitió descubrir
Conocer personas también nos llevó a conocer lugares. La arquitectura, la consultoría, el urbanismo y los bienes raíces nos han permitido recorrer muchas zonas de Panamá que quizá no habría explorado de la misma manera si no hubiese construido este camino profesional.
Bocas del Toro, Playa Venao, Santa Catalina, Torio, Penonomé, Antón, Colón, Limón y muchos otros lugares se fueron convirtiendo en parte de nuestra experiencia. No se trata solamente de llegar a un destino. Muchas veces significa caminar un terreno, conversar con la gente local, recorrer montañas, playas o comunidades y observar los lugares desde una perspectiva distinta.
Recuerdo, por ejemplo, un viaje a Bocas del Toro en el que fuimos con personas locales hacia la parte posterior de una isla porque necesitábamos conocer un terreno. Son experiencias que probablemente no estaban dentro de lo que imaginaba cuando decidí estudiar arquitectura, pero que hoy forman parte de las cosas que más valoro.
Jacky y yo incluso tenemos una palabra para esos viajes de trabajo que también nos permiten disfrutar el recorrido: “traviajar”. En esos road trips conversamos, contamos historias y conocemos lugares mientras hacemos nuestro trabajo. Playa Venao, donde grabé este episodio, se ha convertido precisamente en uno de mis lugares favoritos.
3. Gratitud por conocerme mejor a mí mismo
Construir un negocio también obliga a conocerte. Cuando te sientas a negociar un contrato, un servicio o una oportunidad, necesitas entender quién eres, hacia dónde vas, cuáles son tus creencias, tu visión, tu misión y tus no negociables.
Con los años entendí que los negocios terminan siendo un reflejo de nosotros mismos. La forma en que negociamos, elegimos proyectos, trabajamos con clientes y respondemos ante los problemas está profundamente relacionada con quiénes somos.
También he podido observar cómo hemos evolucionado Jacky y yo en nuestra manera de enfrentar proyectos y oportunidades. La experiencia acumulada hace que situaciones que antes parecían enormes hoy sean un poco más manejables.
Para mí se parece a entrenar para una maratón. La primera vez, cada kilómetro puede sentirse desconocido. Después de haber corrido varias, sigues encontrando retos particulares, pero ya tienes referencias, herramientas y experiencia. Algo similar ocurre al emprender: lo que hoy haces por primera vez puede sentirse difícil o incluso imposible, pero cinco o diez años después probablemente lo enfrentarás de una manera completamente diferente.
Lo que sabes hoy no es lo mismo que sabrás mañana. La experiencia convierte caminos que parecían imposibles en caminos que ya sabes recorrer.
4. Gratitud por construir con mi pareja y socia
Uno de los aprendizajes más personales de esta década ha sido aprender a trabajar con mi esposa y socia, Jacky. Es una experiencia muy bonita, pero también exige entender que pareja, familia y negocio no pueden ocupar exactamente el mismo espacio todo el tiempo.
Con los años hemos aprendido a cuidar ciertos límites. Por ejemplo, cuando vamos camino a la oficina en la mañana tratamos de no hablar de negocios. Ese trayecto puede ser para conversar de otras cosas, llamar a la familia o simplemente empezar el día con calma antes de que la jornada comience.
También es importante que una molestia del trabajo no se convierta automáticamente en un conflicto personal. Si uno se enoja con su socio durante el trabajo, hay que aprender a no llevar esa emoción a la casa. Y, sobre todo, hay que hablar con claridad: necesito más tiempo familiar, necesito más tiempo para el negocio, necesito llegar antes a la oficina o necesito llegar antes a casa.
No es un modelo para todas las parejas, pero para quienes deciden construir un negocio juntos, encontrar espacios donde puedan ser solamente familia o solamente pareja es fundamental. En mi caso, también agradezco profundamente haber encontrado a la persona con quien quería construir esta parte del camino.
5. Gratitud por aprender a disfrutar el camino
Este es probablemente el aprendizaje que quiero recordar con más fuerza. Disfrutar el camino significa reconocer a la persona en la que te vas convirtiendo, el negocio que va creciendo, las personas que llegan y también las que se van, los clientes, los proyectos y las oportunidades que aparecen.
Hace algunos años, muchas de esas cosas eran solamente ideas. Había proyectos que estaban en la cabeza, cifras que parecían lejanas y oportunidades que todavía no existían. Poder mirar atrás y reconocer que una parte de aquello ya se convirtió en realidad es una razón suficiente para agradecer.
Eso no significa dejar de tener ambición, objetivos o deseos de crecer. Significa entender que la meta no puede ser solamente llegar a un número, acumular una cantidad de propiedades o alcanzar una cifra determinada. También importa quién eres mientras recorres ese camino y en quién te estás convirtiendo.
Disfruta esa persona en la que te vas convirtiendo. Disfruta ese negocio que va creciendo. Agradece el camino que ya has recorrido.
Los cinco aprendizajes que me deja esta década
Si tuviera que resumir estos primeros diez años de arquitectura, emprendimiento y empresa en cinco ideas, serían exactamente estas:
1. La gente que he conocido.
2. Los lugares que he conocido.
3. Conocerme a mí mismo.
4. Conocer y construir con mi pareja y socia.
5. Disfrutar el camino.
Quizá tu profesión sea completamente diferente a la mía. Tal vez estés construyendo una empresa, empezando un proyecto creativo, desarrollando una carrera o intentando sacar adelante una idea que todavía parece demasiado grande. La pregunta sigue siendo la misma: ¿cuántas cosas que alguna vez soñaste ya forman parte de tu vida y todavía no te has detenido a reconocerlas?
Una invitación a mirar tu propio camino
La gratitud no consiste únicamente en estar satisfecho con lo que tienes. Para mí también significa detenerme, mirar lo recorrido y reconocer las personas, lugares, aprendizajes y relaciones que hicieron posible llegar hasta aquí.
Después de diez años sigo siendo arquitecto y sigo teniendo muchísimo por aprender. Pero hoy entiendo que esta profesión me dio mucho más que proyectos. Me permitió conocer gente, descubrir lugares, conocerme mejor, construir con mi pareja y aprender, poco a poco, a disfrutar el recorrido.
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